Personal Accounting

Guía · 9 min de lectura

Cómo repartir los gastos de casa entre dos sin llevar la cuenta de todo

Mitad y mitad no siempre es justo y proporcional no siempre es fácil. Cómo elegir el reparto, montar el bote común y evitar los cinco gastos que rompen cualquier acuerdo.

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Vivir con alguien y repartir los gastos parece un problema de aritmética, y no lo es. La aritmética es la parte fácil. Lo difícil es que el reparto que elijáis se pueda mantener sin llevar la cuenta de cada compra ni pasarse una petición de pago cada tres días.

Hay tres formas de hacerlo y cada una funciona en una situación distinta. Elegir mal es lo que convierte una convivencia normal en una discusión mensual sobre el súper.

Mitad y mitad

El reparto por defecto: cada gasto común se divide entre dos. Es simple, no exige explicaciones y funciona muy bien cuando los ingresos son parecidos.

Se rompe cuando no lo son. Con 2.000 y 3.000 de ingreso y 1.800 de gastos comunes, los dos ponéis 900. Al primero le quedan 1.100 y le ha costado el 45% de su sueldo; al segundo le quedan 2.100 y le ha costado el 30%. Sobre el papel es justo. En la práctica, uno de los dos no puede decir que sí a un plan de fin de semana y el otro no entiende por qué.

Proporcional a los ingresos

Cada uno aporta el mismo porcentaje de lo que gana. Con los mismos números: 2.000 sobre un total de 5.000 es el 40%, y 3.000 es el 60%. De los 1.800 comunes, uno pone 720 y el otro 1.080.

Ahora al primero le quedan 1.280 y al segundo 1.920. Los dos han puesto el 36% de su sueldo y a los dos les queda margen para decidir cosas. Este es el reparto que mejor aguanta cuando los sueldos son distintos, y también el que más incomoda al principio, porque obliga a decir en voz alta cuánto gana cada uno.

Recalcúlalo cuando cambie algo grande —un ascenso, una reducción de jornada, unos meses sin trabajo— y no cada mes. Un porcentaje que se renegocia constantemente deja de ser un acuerdo y se convierte en una negociación permanente.

Cuentas separadas y un bote común

Esto no es una tercera fórmula de reparto, es la manera de ejecutar cualquiera de las dos anteriores sin trabajo mensual. Cada uno mantiene su cuenta, y existe una cuenta común de la que salen todos los gastos compartidos.

  1. Suma los gastos comunes de un mes normal y añade un 10% de holgura.
  2. Decide el reparto: mitad y mitad, o proporcional a los ingresos.
  3. Programa una transferencia automática a la cuenta común el día que cobra cada uno.
  4. Domicilia ahí el alquiler, los suministros y las suscripciones compartidas, y saca de esa cuenta una tarjeta para la compra.
  5. Lo que quede en vuestras cuentas personales es vuestro, sin justificaciones ni permisos.

La parte que casi todo el mundo se salta es el 10% de holgura. Un bote calculado al céntimo se queda corto el primer mes en que coinciden la revisión del coche y una factura de la luz más alta, y entonces alguien paga de su cuenta personal y volvéis a llevar la contabilidad a mano.

Qué entra en el bote y qué no

Vale la pena escribirlo una vez, aunque parezca innecesario. La lista casi nunca es la misma en la cabeza de los dos.

  • Entra: alquiler o hipoteca, suministros, internet, la compra de casa, productos de limpieza, seguro del hogar y las suscripciones que usáis los dos.
  • Entra si lo decidís: comer fuera juntos, el coche compartido, las mascotas, los muebles.
  • No entra: ropa, teléfono personal, aficiones, regalos a la familia de cada uno, viajes que hace uno solo y la deuda que traía cada uno de antes.

Los dos casos que más problemas dan son las mascotas y el coche. Un animal que llegó con uno y ahora vive con los dos, o un coche que compró uno y usan los dos, no se resuelven con una regla general: se resuelven diciendo un número y anotándolo.

Los cinco gastos que rompen cualquier acuerdo

  1. El que hace la compra. Si uno va siempre al súper y paga con su tarjeta, en tres meses lleva puestos varios cientos que nadie ha contado. La compra sale de la tarjeta del bote común, siempre.
  2. Las cosas de casa que se pagan una vez. Un sofá, un colchón, la lavadora. Decidid antes de comprarlos quién se los queda si algún día dejáis de vivir juntos y si el otro recupera su parte. Es una conversación de dos minutos antes y de dos semanas después.
  3. El trabajo invisible. Cocinar, limpiar y llevar los recibos son horas, no importes, pero salen del mismo presupuesto de energía. Un reparto perfecto del dinero con un reparto absurdo de las tareas se rompe igual de rápido.
  4. Los invitados y la familia. Una semana de visita sube la compra de forma clarísima. Del bote común, sin discusión, o pactado antes de que llegue nadie.
  5. El que gana bastante más y quiere invitar. Perfecto, pero que sea un regalo explícito y no un crédito silencioso que reaparece en la siguiente discusión.

Compañeros de piso: otras reglas

Con compañeros de piso el reparto es casi siempre a partes iguales y el problema es otro: el cobro. Nadie quiere ser quien persigue a los demás, así que el sistema tiene que quitarle ese papel a todo el mundo.

  • Un solo día de cobro al mes, el mismo para todos y anotado donde se vea.
  • Los recibos rotan por trimestres, no por meses, para que nadie lleve siempre la luz.
  • Un fondo común pequeño para lo de la casa —bombillas, papel, limpieza— en lugar de veinte apuntes de cuatro con cincuenta.
  • Si las habitaciones son de tamaños muy distintos, el alquiler también. Acordadlo el primer día y no el tercer mes.

La revisión de quince minutos

Una vez al mes, quince minutos, con la lista de gastos comunes delante. No es una auditoría: son tres preguntas. ¿Llegó el bote a cubrir el mes? ¿Hay algo que hemos dejado de usar y seguimos pagando? ¿Hay algo grande el mes que viene?

La última pregunta es la que evita casi todas las discusiones. Una revisión del coche o un seguro anual que se ven venir con tres semanas de margen son un ajuste del bote. Los mismos importes descubiertos el día del cargo son un problema.

Para que esa revisión dure quince minutos y no una tarde, los gastos comunes tienen que estar registrados conforme ocurren. En Personal Accounting puedes tener la cuenta común como una cuenta más, fotografiar el ticket del súper para que el gasto se anote solo y llevar en el apartado de deudas lo que uno de los dos ha adelantado, con el saldo cerrándose según llegan los pagos.

La conclusión menos romántica y más útil: el mejor reparto no es el más justo sobre el papel, es el que ninguno de los dos tiene que recordar. Si el acuerdo exige atención cada semana, no es un acuerdo, es una tarea. Y las tareas se abandonan.

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